Fábulas de soma, broma, fauna y flora:

sobrepeso, sus causas y soluciones con Constelaciones Corporales 1#

“Lo que su vientre se llevó"

Su vientre era una carta que,  aunque sellada, anhelaba comunicarse con ella.

Lo había intentado todo ya. Pero ella no le escuchaba por lo que se vió obligado a hacer lo que no quería. Ella tan solo pensaba en volver, regresar. Regresar a su nidal de origen. A un nido cualquiera no, a un señor nido, a un nido real,  con pinrreles -como diría el amparo de mi abuela materna-. De águila imperial concretamente. Ella, por huevos, “ennubilada”, quería volver a su vientre materno. Él, para evitar tal tragedia, “oportunamente”,  le regaló en un plazo ilógico y corto de tiempo, unos bastantes kilos abdominales de más y que por fin le pondrían  sobre la pista…. sobre la pista de tamaña inquietud: Su cordón umbilical interno, ese que nos enraiza a nuestro Ser Esencial, estaba a punto de entrar en sequía.....

....Y llegó el malogrado y, a la vez, inevitable día; sufriría en sus carnes un gran accidente. Aquel preciso día, aquél preciso instante. Y no por casualidad, sino precisamente, en su precioso vientre. Causalmente; porque en su lid interna permitió que su desarraigo venciera a su intuición tan sabiamente ubicada:  -no cedas, por allí no, gira tu cabeza, ahora, date la vuelta!....Y sin medir su real tamaño, ni la energía de su descanso previo, arremetió... Sin escucharse, sin centrarse, sin relajo... Sin remedio la embistió un gran accidente.  No de un lado, ni del otro, ni de canto, sino de vientre. El suyo, que de tantas nobles formas amorosas, tanto tiempo  le llevaba susurrando:

-Párate. Escúchate. Respírate. Sonriete.

 Pasos hacia su sanación.

 Finalmente, por tanto desplume en sus “escapadas”, en algún rincón de su autocastigo inconsciente,  siempre acababa tropezando. Pero como sólo sana quien insiste, llegaría el día en que logró encontrar el penacho por el que su corazón tantos eones  llevaba suspirando .....

La sanación, una vez más, es hacia dentro. En nuestra sanación está nuestra propia salvación. ¿Quieres salvar a alguien?. ¿Quieres cuidarlo?: Párate. Escucha primero  los mensajes de tu cuerpo. Comienza por ti, o un accidente se encargará de suplantar la voz de tu propio amor. Para acorralarte. Para que te quedes agotada, sin agua, sedienta, sin tu raíz savia....Para que no te sigas escabullendo. Para que sea sólo él sea tu única brújula. Para que te enfrentes a tu dolor, que solo oculta la catapulta hacia tus sueños. Tu liberación. El regreso hacia la raíz de tus entrañas.

¿Quién es ella, mi cliente?.

 Una guerrera de la luz conectada al Cielo. No tanto, entonces, aún, a su Tierra. Descendiente de los guaraníes. En poco más de un año llevaba incrementados bastantes kilos. Acumulados de forma más resaltable en su tronco. Se llamaba Raquél  ("curiosamente" suena como ragüe, pluma, en guaraní). Su padre emigró hacia España. Se enamoró de una castellana y en su mediana edad, al volver a su país cuando su padre enfermó (abuelo al que ella nunca conoció) no volvió nunca más. Dicen que  fue una argucia para volver con su primera novia. Psicóloga por vocación, ama su trabajo.

Hasta ese momento sus mensajes sottovoce al universo, -más audibles para él, que para ella-, habían decidido apartarse del amor al hombre para no ser más expulsada de un hogar, para nutrirse principalmente del “movimiento” que para ella era vida y la mantenía sobreviviendo: Iba, venía, regresaba, se volvía a ir, venía de nuevo a por algo -sin lograr recordar aún qué- y de nuevo, desaparecía.... En una de estas se derrumbó. Y aún así, tiesa. Manteniendo el honor, el tipo y el orgullo. Como si todo siguiera en el mismo lugar. Aunque sus ganas, su motivación, su brillo y, una vez más, sus pasos, casi de soslayo, habían vuelto a huir despavoridos....


Necesitaba todo para ayer por lo que vivía con la sensación de nunca haber logrado nada. Vivía vigilante, dispuesta a doblar antes su vientre en cualquier esquina que a girar su cabeza. Tanto temía  perderla. Perseguida por su incesante mente, huia de seguir huyendo y también de tener su hogar. :

- Nunca más volveré a salir corriendo, nunca más huiré. Ni un barco más que haga aguas. Ninguno más a la deriva. Aunque, inconsciente, a la poste, no cesaba de ello en el intento. 

¿Por qué engordó en esa parte de su cuerpo?.

 Son funciones fisiológicas de la grasa, generar  y  mantener estructura, sostén, protección y apoyo a la células y órganos. Justo la carencia que su consciencia proyectaba sin un mínimo interés en empatizar.... tantos recursos que no lograba destrabar en su Ser y que su  inconsciente rechazaba integrar para salvarla, así que su grasa abdominal, que tanto la amaba,  tomando su Vida por el mango, le susurraba: -Tranquila, yo me encargo de eso que aún no te decides atender tú.  Aquí estaré para ti. Hasta cuando tú quieras. 

Causas de su sobrepeso: 

Ansiedad, rabia no elaborada, duelo bloqueado, exclusión de una abuela, juicio a papá, infracción del orden de la jerarquía y parentalización.

La ansiedad.  Ella no. La viva memoria de sus células, si recordaban las tantas veces que desde su gestación, incluso antes, se mantenían en estado ansiógeno, de alerta constante. Una vez más, cuanto tememos es  gran atracción para el miedo. 

-Fuera hombres, fuera casas, fuera hijos, fuera un constante fluir de dinero. -aunque nadie la oía, a gritos se las pelaba-. No quiero ninguno más. Ningún riesgo más de ser desalojada, exiliada....Ningún allanamiento más de mi morada. Ya no quiero casas. Matado el perro se acabó la rabia. Y sin embargo, cómo se mentía; ella bruxaba, se mordía los dientes, prefería los frutos secos, sus uñas se roía y masticaba hacia adentro su bronca. Y su cuerpo fiel amante servicial, maravillándose el modo de hacerle entender, le regaló un aparente ilógico intestino grueso inflamado. Seroso. Agostado. Estéril. Seco. Irreverente. Atascado. Obeso. Preso. Entumbado...

En el año y medio previo que había engordado, las grasas con sus funciones,  -estructural , sostén, reserva, de protección, contención y apoyo-,  le habían paliado su ansiedad . Desde aquella sesión en la que la acompañé lograría calmarla , según su demanda, para poder organizarse para prepararse la alimentación que sabía más le ayudaría a recuperar su peso.

¿Cómo lo consiguió?

Enraizándose en el abrazo de papá, de mamá y de sus argentos ricos platos, en los papeles verdes de su abuela y en las plumas de águila imperial que le regaló  aquél abuelo por fin hallado en su Constelación Corporal. Así,  acompañándola a reprogramar los conflictos, patrones, recuerdos y sinsabores que la mantenían errante y desarraigada de su origen pudo ir desplegando las alas de su genuino amor propio .

La rabia. Emociones  guardadas y no canalizadas sanamente como rabia, impotencia, frustración, juicio, sobre los episodios anteriores que la mantenían contenida y atrapada, generaban acidez  y toxicidad en su organismo e impedían o dificultaban la función de la principal planta detoxificadora del cuerpo que es el hígado. Por ejemplo, los estrógenos, hormonas femeninas, también presentes en el hombre, si no se eliminan bien por el embudo hepático impiden adelgazar.

Principalmente en la mujer por su conocida función reproductora.

Juicio a su abuela y a papá. Cualquier juicio a alguien es una exclusión, una forma de decirle al otro: - yo soy mejor que tú, tú estás equivocado y yo acertado. Sin embargo, para el alma familiar, la Gran Alma, reconcilia los opuestos, sus movimientos llevan más allá de los límites de la conciencia colectiva y para ella todos pertenecemos a ella, nadie es mejor que nadie ni diferencia entre bien y mal. Anula la distinción entre culpa e inocencia y entre vivos y muertos. El alma no enjuicia sino que nos unifica con todo, demostrando así su amplitud y  fuerza. Por eso para quien lo emite  tiene consecuencias para que llegue a aprender que todos tenemos un lugar, que el amor es respeto al otro tal como es y que cuando le criticamos, con nosotros lo hacemos. Como decía Gandhi, cuando señalamos a alguien con el índice, el resto de nuestros dedos nos señalan. Además, en este caso, el juicio a sus mayores, sea por lo lo que fuere, resulta ingrato hacia ellos pues la Vida que le fue dada viene de ellos.

 

Exclusión de su abuelo guaraní.                 Del que nadie hablaba y nadie sabía. Desde constelaciones, la exclusión de cualquier miembro del alma familiar constituye una sobrecarga emocional producida por una experiencia traumática o desilusión dolorosa que cuando surge facilita la supervivencia generando un patrón familiar y  proyecciones  inconscientes hacia otros que derivan en juicios despreciativos, reproches y exigencias. Generalmente ocasiona en un descendiente  alguna enfermedad o síntoma por el que se sentirá impulsado a buscar y generar el cambio. En este caso, el anhelo del alma de Raquel buscaba a su abuelo e incluso había viajado hacia las comunidades de las cataratas del Iguazú para encontrarlo  infructuosamente. Su vientre que aloja el intestino grueso o arquetipo de la putrefacción, desecho y muerte, se inflamó a modo de tumba ante su duelo bloqueado de este abuelo. Y por ello permanecía atada al destino de este abuelo y cuando pudo integrar su historia en la sesión que tuvimos, energética y emocionalmente, comenzó a sentirse más ligera y liviana. A falta de realizar su duelo simbólico como tarea personal a finalizar nuestro encuentro. Así sintonizada con este pasado ancestral quedaba libre para su futuro.

Infracción del orden de la jerarquía y parentalización. Ella reconoció que casi desde pequeña se asumió como madre de sus padres y rebelde hacia ellos, permitiéndose darles consejos y decidiendo por ellos. Inmiscuyéndose en sus asuntos. Para asumir responsabilidades más allá de las suyas propias, necesitó incrementar su presencia física y composición corporal. Otra explicación más de su sobrepeso. Esto constituyó, por otra parte, un desorden familiar pues desde los ordenes del amor invirtió el de la jerarquía, desde el que son " los padres los que dan y los hijos toman". Es decir, los hijos solo pueden honrar a sus padres yendo hacia sus sueños pues si se "arrogan" su lugar no podrán  hacerlo porque entre otras cosas, dicha elección, muchas veces inconsciente, llevará a enterrar y no multiplicar en todo su potencial sus talentos. Legados, por otra parte, muchos de ellos, de sus ancestros y sistema familiar. La vida sólo fluye hacia adelante para cada miembro familiar cuando los pequeños se comportan como pequeños ante los grandes y cuando los grandes, que llegaron primero, asumen su autoridad con amor y límites.

Según fuimos entrando en el espacio sagrado unificado de su  Constelación Corporal  ella se fue rindiendo, tomando su lugar, reconciliando con sus familiares , abrazando su raíz e impulsándose hacia su Vida y sueños. Durante un tiempo le sirvió de anclaje para caminar más determinada hacia sus sueños, la pluma de águila imperial que su abuelo le había entregado. Le Recordaba al cerrar la sesión, que no todos los jefes de los pueblos originarios  usaban tocados de plumas y menos en las batallas. Que en el Camino Rojo tienen un significado espiritual  y cuando alguien recibe una pluma de águila es para que se conecte con la energía del fuego y el Gran Espíritu. Las utilizaban para limpiar y canalizar energía, -como en los atrapasueños- y como antenas de conexión con el Gran Espíritu, los pensamientos y los cuatro elementos y  direcciones. Sólo las mostraban en las ceremonias, como símbolo de autoridad. De alguna forma su abuelo le estaba reconociendo tu vida y trabajo y regalándole su bendición para desarrollar todo su potencial , con autoridad.
A los pocos días me contó que comenzaba a sentirse más ligera en su peso, dormía del tirón y de forma alegre y entusiasmada,  estaba integrando las claves de alimentación que le sugerí, así como el tipo de alimentación que -por tantas cosas como llegó a probar anteriormente- ya sabía le llevaría, esta vez, a adelgazar y mantenerse.

 

De ti depende rodar, también tú,  un final feliz para la película de tu sobrepeso.
Con Constelaciones Corporales®

 

 

 


Todo lo inconsciente nos debilita hasta el momento en que descubrimos que

también constituía una parte de nosotros mismos. Robert Frost


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