Bombones de Silencio: Un amor ordenado siempre es la mejor respuesta

– Uni, no se si te volveré a hacer caso. Hice según me sugeriste. Me hice una con mi niña. Volví a aquél corral y salí desplumada. Tampoco es eso, ¿no?. 
-Uni: Claro que no, ¿ te apresuraste y quisiste correr cuando aún estabas aprendiendo a andar?. Bien, algo más tendrías que aprender allí. Quizá necesitabas caer tan bajo para que ya solo pudieras ascender y quedaras preaparda para integrar tu siguiente clave: un amor ordenado siempre es la mejor respuesta.
– Shin: ¿Un amor ordenado, cómo es eso?. Qué raro hablas. ¿Cómo se ordena el amor?. ¿Hay alguna forma?

Uni: ¿Lo hiciste de corazón o sentiste que habías dado demasiado y no fuiste correspondida?. En cualquier caso, toda semilla de amor que plantamos acabará germinando, es cierto. Y también lo es que, si queremos que una relación se mantenga y crezca con el tiempo, las partes implicadas hemos de cuidar el equilibrio entre el dar y el recibir. Este sería uno de los Órdenes o Principios del amor de los que dije te hablaría. Lo llamaré también Principio de la Reciprocidad. El prerrequisito para vivir esta actitud de reciprocidad es percibir al otro como nuestro igual, nuestro par, nuestro homólogo. Es decir en nuestras relaciones con nuestras parejas, amigos, hermanos, compañeros, socios, colegas…Con nuestros padres, jefes y superiores no, allí hemos de respetar la jerarquía existente. Y nuestra actitud será otra.
Implicaciones del Principio de la Reciprocidad:
* El otro es mi igual: Yo no soy ni más ni menos ni mejor ni peor que el otro.
* Si queremos que nuestra balanza del amor siga «in crescendo ad finitum» hemos de mantenernos en un continuo dar, tanto en positivo como en negativo; en positivo, si el otro me da yo sigo dando, si el otro deja de dar, yo dejo de dar y, en negativo, si el otro me hace algo que me molesta, siento injusto o desconsiderado, yo se la devuelvo pero con amor, por debajo de lo que recibí de él. Sería la venganza con amor de la que habla Hellinger.
* ¿Se trataría de una entrega sin límites, a la que nos invitan tantas canciones como «amor sin límites» de Perales inspirada en la primera carta de San Pablo  12, 31-13, «el amor disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites»?. Sorprendentemente para algun@s, si queremos conservar esa relación, no. El límite estará donde el otro haya parado de correspondernos o donde si seguimos dando nos estamos olvidando de nuestro amor propio y de que yo no soy más ni mejor que el otro.
* Cuando hay desequilibrio en el dar-recibir el que sigue dando está parentalizado, se convierte en papá o mamá del otro, haciéndolo pequeño, sin mirarlo como adulto, dejándolo de ver como igual. Y el otro se mantiene o se convierte en el/la niña/o en su comodidad y egoísmo.
* ¿Qué consecuencias puede esto generar en el/la agasajado/a?. Lo previsible, se sentirá abrumado de tanto regalo que no puede -o no quiere- devolver, se sentirá en deuda y se marchará o nos abandonará o nos será infiel o desleal. Incluso nos podrá traicionar, paradójicamente. Y él será responsable de las consecuencias, claro, por haber seguido recibiendo si no podía devolver, pero no sale indemne el «dadivoso», él también lo será porque, parte de su afán de dar ocultaba el deseo de detentar el control -de alguna forma- en la relación. Puede ser un tipo muy sutil de manipulación.

Shin: – ¡Anda, entonces tanto dar puede ser contraproducente!.

Cono: – Eso es, antes de tu impulso a dar pregúntate: ¿Quiero dar en reciprocidad o quiero obligar a recibir?. El que más da en una relación se erige en el poderoso, el equilibrio entre el dar-recibir se quiebra y el balance adulto-adulto se rompe. Por ello, cuidar este principio de reciprocidad es de las principales garantías de armonía y paz en nuestras relaciones más queridas. Además, si da dos pasos atrás y se abstiene de dar para no descompensar la balanza del amor estará ofreciendo a la otra persona un hermosísimo regalo: el placer de dar.

¿Recuerdas que te explicaría por qué el amor no es suficiente?.  Porque según mi maestro Bert Hellinger el amor no es posible sin orden. Para que un amor sea verdadero, lúcido, consciente, no ciego ni doloroso ni inconsciente ha de ser un amor ordenado. Sin orden el amor es imposible.

Es decir, el amor consciente o lúcido respeta a estos principios u órdenes que te voy revelando.
Luego está la ley espiritual que dice: da sin contemplaciones, con desapego, sin mirar qué te vendrá de vuelta, incondicionalmente. Bien, si, plantemos semillas de amor a diestro y siniestro. Enfoquémonos en la siembra en si. Sin apego al resultado, cuando el resultado honestamente no nos interese. Sólo en ese caso podremos olvidarnos de la cosecha y, quizá, el sentido y cultivo de nuestra vida sea más extensivo cuando plantemos generosa e incondicionalmente, semillas de árboles sobre los que ignoramos si, finalmente, nos darán o no sombra o nos regalarán, o no, alguno de sus frutos.
Sin embargo, en relaciones que queramos conservar, profundizar y cuidar, sembremos, sembremos amor pero un amor ordenado, no ciego.
Aquél tan sólo nos traerá bendiciones y quizá algún dolor que otro pues el dolor es connatural a los corazones que se saben naturalmente vulnerables. Pero si no ordenas el amor en aquellas relaciones con las que realmente vibra tu corazón, ten por seguro que el drama, la toxicidad y las rupturas dolorosas estarán aseguradas. El amor ciego tan solo nos trae rosarios de sufrimiento. Y ya sabemos, encuentra la salida porque el dolor es incluso necesario pero el sufrimiento es opcional. Tú eliges.
Aún así, aunque un amor ordenado, un amor ganar-ganar siempre será una mejor respuesta, a veces, el amor ciego es el único cicerone que te guiará hacia el logro de un amor lúcido. Hasta que hayas aprendido el camino hacia el amor consciente o amor ordenado… la única respuesta que multiplica cuando se divide, que yo conozca.
¿Y tú conoces alguna más?.

– Shin: Bueno, no suena mal tu parafernalia, pero ¿cómo pasar de crear amores vendados a amores lúcidos?. ¿Qué tendría que hacer?.

– Uni: Ya veo tu sincero interés en lograrlo aunque no te veo suficientemente centrada. Ya te di una pista. Igualmente, te iré hablando y me extenderé sobre el resto de los Órdenes o Principios del Amor. De momento, aunque aún no sacié tu voraz apetito y para que vayas abriendo boca, te regalaré este aperitivo, este Bombón de Silencio sobre el Principio de Reciprocidad o equilibrio entre el dar-recibir en las relaciones.

Primero comienza con unas tres respiraciones abdominales para que la estimulación de tu nervio vago genere serotonina, ese neurotransmisor que tu abdomen produce naturalmente induciendo un estado de calma, serenidad, autoconfianza y autoestima. Finalidad de algunos fármacos ansiolíticos o antidepresivos.

A continuación puedes saborearlo así:

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